Barajar y Dar de Nuevo

Sonia Pérez y Pablo Sifón se cansaron de la rutina urbana y tomaron la gran decisión de sus vidas: irse a Cafayate para empezar el propio emprendimiento vinícola, llamado Finca La Silvia. 

Sonia y Pablo son una hermosa pareja. Créanme. Los ven y hacen un composé fantástico. Cara de buena gente, simples, cordiales, pacientes. Sin embargo, hay algo que no les cerraba en estos últimos tiempos. Un molesto cosquilleo, que los afectaba emocionalmente.

Sucede que la monotonía urbana y la siempre molesta comodidad los angustiaba. Una óptima posición económica en una reconocida multinacional y el aval de sus pares no los hacía plenamente felices.

“¿Entonces, qué?”, se preguntaron. “¿Por qué no patear el tablero?, se auto respondieron con otro interrogante.

Tras pensar una y otra vez qué camino elegir para lograr la felicidad anhelada, todos los caminos condujeron a Salta. Más precisamente, Cafayate, tierra bendecida por el buen vino.

“Vimos la oportunidad de arrancar un proyecto propio vinófilo en este pequeño pueblo y no lo dudamos. Radicalmente, decidimos iniciar nuestras vidas en el medio de la paz norteña”, confesó Sonia.

Así nació Finca La Silvia, emprendimiento de vinos boutique, con marcado sello de autor. “Dimos el puntapié de algo que dará sus frutos a largo plazo. Tenemos que cultivar la paciencia”, agregó Pablo.

Contentos y entusiasmados, del cemento a las vides, sin escalas, dialogamos con Sonia, que nos dio detalles de esta auténtica aventura.


¿Por qué patearon el tablero?

Llegamos a un punto en nuestra vida que nos pusimos a pensar si lo que estábamos haciendo nos hacía feliz. Se supone que tener una buena posición en una empresa multinacional, ser reconocido profesionalmente y tener buenos ingresos te hace feliz. Pero no, eso no es todo. Sentíamos que no indagábamos en nuestro verdadero deseo y que aquellas cosas que en ese momento eran un hobby podían pasar a ser el Leit Motiv de nuestra vida. Y ahí decidimos no dejar pasar más tiempo. Time is running… y nos pusimos manos a la obra.

¿Les dio miedo tomar la decisión?

Sí, claro. Nos dio miedo y nos sigue dando. El típico miedo a la incertidumbre, a dejar lo seguro atrás y pasar a lo incierto cada día. Dejamos el paraguas de un empleo para ser nosotros nuestros propios empleadores. Las cosas ya no estarán en el escritorio del otro, sino siempre en el nuestro.

¿Por qué eligieron Cafayate?

Recorrimos todas las zonas vitivinícolas y cuando llegamos a Cafayate nos enamoramos del lugar desde el momento cero. Está enclavado en un valle mágico, donde la montaña te abraza y el sol te acurruca. Lleno de ricas historias y cultura, en un original equilibrio entre la evolución y las costumbres ancestrales. Con vinos de tanta personalidad que te atrapan.

¿Qué esperan? ¿Cómo se imaginan la vida allí?

Imaginamos una vida apacible, muy vinculada con la naturaleza y disfrutando de todo lo que el norte argentino ofrece. Queremos vincularnos con las cosas simples de la vida, que al final del día son las que nos colman. Nos vemos haciendo crecer nuestro proyecto y disfrutando de todo el proceso, desde la finca hasta la comercialización de los vinos. También soñamos con recibir amigos, familia y gente del mundo del vino, para mostrarles y hacerles disfrutar de este lugar único.

¿Cómo nace el proyecto vitivinícola?

Siempre fuimos amantes del vino como simples consumidores. Un día decidimos dar un paso más y estudiar Sommellerie. Otro, decidimos involucrarnos en la vida del vino. Y, finalmente, tomamos la decisión de hacerlo.

¿Cuál es la filosofía de trabajo?

Ser parte de la vida del vino en primera persona, desde el viñedo hasta la comercialización. Nosotros estamos en todas las etapas del proceso y no lo sentimos un trabajo. Hacemos lo que es nuestra pasión. Nos involucramos para tener un producto de calidad que sorprenda al vinofilo, que crezca orgánica y sostenidamente y que siempre tengan ganas de consumirlo nuevamente.

¿Qué vinos elaboran y qué características tienen?

Todos los vinos son fieles representantes del terroir cafayateño. No nos queremos parecer a nada, queremos que sean auténticos con todo lo que brinda esa tierra, alta expresión aromática, colores intensos y mucho volumen en boca.

Tenemos un Torrontés, Cabernet Sauvignon con corte de Cabernet Franc, Malbec Joven, Malbec Roble, y Cabernet Franc 100%... ¡Coming soon!

Tienen un Torrontés muy “domado”. ¿Por qué?

El objetivo enológico fue lograr un varietal armónico entre expresión aromática y lo que el vino da en boca. Para eso, lo trabajamos con desborre previo a la fermentación y una fermentación muy larga a bajas temperaturas para “afinar sus aromas”. Este período de descanso sobre lías también le dio una untuosidad atípica en esta cepa. 

De este modo, logramos que el consumidor no habituado a beber vino blanco o especialmente Torrontés, lo sorprenda, lo sienta amable y lo consuma.

¿Son vinos para maridar con…?

El Torrontés va con picadas, pescados y pastas con salsas moderadas. También tiene su maridaje cultural: acompaña comidas regionales del norte argentino, dando frescura y acidez en boca.

Los tintos son para acompañar carnes rojas, de caza, con cocciones largas o a las brasas. Salsas a base de carnes. Quesos estacionados y productos ahumados.

¿Se ponen plazos a corto y largo plazo?

Si, en estos primeros años nuestro objetivo es hacer conocida la marca y nuestros productos. Mientras tanto, haremos crecer nuestra finca para aumentar la producción y desarrollar Enoturismo dentro del marco de la Ruta del Vino.

¿Qué es lo que más les entusiasma de esta aventura?

Haber iniciado el camino de concretar nuestros sueños. 

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Categoría Vinos

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